INTRODUCCION


Aunque etimológicamente procede del término occitano o provenzal refranh, "estribillo", el refrán es un enunciado que ha caracterizado desde antiguo el habla de los españoles. Fueron los recopiladores de los primeros refraneros los que ya destacaron sus rasgos. Así, Juan de Mal Lara, siguiendo las observaciones de Erasmo, nos dice en su Filosofia Vulgar (1868):

"El refrán corre por todo el mundo de boca en boca, según moneda que va de mano en mano. [...] Los refranes aprovechan para el ornato de nuestra lengua y escritura. Son como piedras preciosas salteadas por las ropas de gran precio, que arrebatan los ojos con sus lumbres, y la disposición da a los oyentes gran contento; y como son de notar quédanse en la memoria".

Blasco de Garay en sus Cartas en refranes (1541) señala el carácter doctrinal y popular:

"No es otra cosa el refrán sino un dicho sentencioso, a la vida muy necesario, manado de la experiencia, en que cada día se prueba, de donde viene a quedar en uso, y saberse comúnmente de muchos. De aquí se saca que son los refranes como unos hijos legístimos de la costumbre, que enseñan cosas que nuestros padres aprobaron; y a esta causa los sabios no saben menospreciarlos".

"No es otra cosa sino un dicho célebre e insigne por alguna novedad deleitosa y sutil, [...] un dicho antiguo, usado, breve, sutil y gracioso, oscuro por alguna manera de hablar figurado, sacado de aquellas cosas que más tratamos... La sutileza y la novedad convidan al entendimiento para penetrarlo. La obscuridad causa admiración. El uso confirma ser verdaderos. La experiencia por su utilidad nos mueve para ejercitarlos... La brevedad dorada de alguna sentencia aplacible, los hace ser aceptados, y ceba la memoria para retenerlos".

A finales del siglo XIX, el paremiólogo y cervantista Francisco Rodríguez Marín, en un famoso discurso en la Academia sevillana de Buenas Letras, ofrece una atinada definición del refrán:

"Es un dicho popular, sentencioso, breve, de verdad comprobada, generalmente simbólico, y expuesto en forma poética, que contiene una regla de conducta, u otra cualquier enseñanza".

En 1950, el lexicólogo Julio Casares señaló que el refrán es:

"Una frase completa e independiente que, en sentido directo o alegórico, y por lo general, en forma sentenciosa y elíptica, expresa un pensamiento -hecho de experiencia, enseñanza, admonición- a manera de juicio, en el que se relacionan dos ideas".

También fuera de nuestras fronteras ha interesado el estudio del refrán. Así el hispanista francés Louis Combet presenta la siguiente caracterización:

" El refrán es una frase independiente, anónima y popular que, en forma elíptica, directa o preferentemente figurada, expresa, poéticamente, una enseñanza, un consejo moral o un consejo práctico".

Por último, el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, en su última edición (la número 21, de 1992)3, define el refrán destacando su antigüedad, intención moral y estructura fija:

"Dicho agudo y sentencioso de uso común, repetido tradicionalmente de modo invariable".

De las ideas de estos y otros autores extraemos los rasgos que caracterizan al refrán. En primer lugar, se destaca que es producto del pueblo, ya que éste ha sido su creador o su auténtico transmisor, de tal forma que el refrán ha ido pasando de generación en generación, sin sufrir cambios importantes en su estructura y reconociéndose en su uso los miembros de una comunidad.

De este carácter popular deriva que también sea anónimo, puesto que si alguno tuvo autor conocido, la historia ha hecho que se olvide y se convierta en propiedad de la comunidad.

La brevedad es otro requisito del refrán, ya que se intenta expresar lo máximo con la mayor economía de medios. De la brevedad depende el éxito y la fácil memorización de los refranes.

El refrán está basado en la experiencia lo que, a través del paso del tiempo, va cargándole de un contenido sentencioso o didáctico. Se aplica este adjetivo a todo lo relacionado con la moral o la doctrina, y también cuanto se trata de consejos, soluciones a situaciones diversas, y observaciones sobre el comportamiento humano, vituperando los defectos, ensalzando virtudes o proponiendo normas de conducta.

A1 ser el refrán de transmisión oral se apoya en elementos nemotécnicos como son el metro, la rima, el paralelismo, la similicadencia, el dialogismo y toda clase de figuras de dicción y licencias (quiasmos, anáforas, metáforas, personificaciones...), sin excluir la deformación intencionada de las palabras ni la dislocación de la sintaxis.

El refrán es un enunciado que está almacenado en la memoria del hablante que lo repite sin variantes como una fórmula prefijada por la tradición, y en las que no es posible la paráfrasis o la creatividad: es un dicho heredado. Esto hace que los refranes vayan transmitiéndose casi intactos, por lo que son fácilmente reconocibles debido a su entonación y estructura distintas por los oyentes dentro de la charla o discurso en la que están insertos.

Aunque para algunos autores el refrán es un "evangelio chico", para Rodríguez Marín hay un grupo de refranes que no tienen una veracidad absoluta, que otros autores califican de "no universales", y que está compuesto por:

- los refranes supersticiosos: "En martes, ni te cases ni te embarques", "Año de brevas, nunca lo veas"

- muchos refranes meteorológicos: "Por San Blas, la cigüeña verás", "Si la Candelaria implora, ya está el invierno fora..." (no siempre se cumplen).

- algunos refranes relacionados con el santoral: "Para Santa Lucía, encogen las noches y alargan los días" (ya no es válido por la reforma gregoriana de 1582), o el Corpus Christi ya no es uno de los "tres jueves que brillan más que el sol...".

- los refranes contradictorios: " A quien madruga Dios lo ayuda", pero "No por mucho madrugar amanece más temprano".

- los de carácter tópico (aplicado a las gentes y pueblos).

- refranes que aluden al juego de cartas. Además de los citados hay que añadir los refranes agrícolas si se utilizan fuera de la región donde nacieron. Con todo, precisa Rodríguez Marín que esta cuestión no está suficientemente estudiada, ya que se han calificado de falsos algunos refranes que no lo son porque no se ha comprendido su significado, para lo que hay que remontarse a su origen muchas veces desconocido, o no se han analizado su sentido metafórico o su carga irónica, o simplemente, a veces, su aplicación a una situación no es la adecuada.

Los refranes suelen tener, además de una lectura literal o recta, una interpretación figurada o metafórica. "Más vale tarde que nunca" posee un único sentido literal, pero en "La mancha de una mora, otra verde lo descolora" puede darse una interpretación literal (parece ser cierto que ocurre con este fruto) o figurada (existe la idea popular de que el disguto de un fracaso amoroso se sobrelleva mejor con otro amor), o en "Reunión de pastores, ovejas muertas" ha quedado relegado su origen literal y ahora se aplica figuradamente al "corrillo de personas que pasan el tiempo hablando de los demás".

Posiblemente, una de las razones del éxito del refrán es su sentido ingenioso o jocoso, en la idea de que es un dicho oportuno, vivo o gracioso. Por esto, hay autores que distinguen los refranes didácticos de los críticos, que poseen un lenguaje alegre e incluso grosero.

También el refrán está vinculado a la copla o al cantar, teniendo la forma de aquél una aproximidad más o menos formal con el octosílabo rimado. Así es una copla o cantar:

"Una vieja y un candil
la perdición de una casa:
la vieja por lo que gruñe
y el candil por lo que gasta".

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