EL AZAFRAN

Está todo a punto. Al amanecer, el azafranal se ha pintado los labios de violeta por la novedad del tema. Parece como si el desfile de modelos de la fantasía humana hubiera alcanzado el éxito de la belleza floral como una moda indeclinable que aparece para eclipsar otras que ya se han borrado. Parece que el campo y la flor han hecho maridaje; se han desposado únicamente para recibir el día que llena el vacío de los espacios.

Se abre el día y abre la flor; una flor totalmente creada para repartirse: las hojas violáceas; los pistilos, el arco iris de su pecíolo, educando al color para que tenga impacto la flor que se pega a la tierra por temor a que la pisen las anchas abarcas del labriego batallador cuando la recoge. Una cuadrilla de seis hace cada mañana su profunda genuflexión para recoger la rosa; son Manolo y María y los hijos: Francisco, José y Carmen, y el jornalero Jesus que les ayuda.

¡Qué trabajos nos manda el Señor!

levantarse y volverse a agachar...

cantan y ríen como si un ángel les aliviara el trabajo.

Cuando terminen la faena a la hora del almuerzo serán seis cestos los que recojan de la "rosa mañanera", que es tan amable, que va a consentir que se la despiece sobre la mesa de operaciones de madera de olivo.

Para saber mas sobre el Azafrán

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