EL AFILADOR

El pueblo recibe al afilador como un representante de la diplomacia casera o como un sacerdote de oficio pasajero. Viene el afilador a recoger las armas blancas y las otras de uso doméstico. El afilador se avisa por sí solo: toma su flauta, la toca sonando toda la escala y ya están congregados en su entorno la muchachada y las madres, porque ellas sí que saben los cuchillos que no cortan, dicen que son más peligrosos los cuchillos de la lengua que los otros, los de acero o los comunes, que valen para partir el pan en la mesa de cada día. El afilador en nuestros pueblos es un acontecimiento inusitado. Ya está rodando la oración silbada a Santa María, porque parece, en su porte, a un penitente mariológico que quiere expresar la razón de su peregrinaje afilando cuchillos que matan. En la plaza del pueblo o junto al portón de la iglesia, el afilador hace girar la rueda, el pedal sube y baja incansablemente, un chisporroteo de estrellas, como si fuera un nuevo firmamento, arranca a la rueda mágica, el afilador, en estos momentos, es un creador de glorias dispuesto a oficiar de maestresala en la liturgia maríana:


"Santa María,
que ruede mi rueda
de noche y de día.
Qué canten mis silbos
al amor de mi vida.
Para ti la rueda,
esta rueda mía."


Pero el afilador, practica la diplomacia, es un embajador en potencia que arregla pleitos y casos de enamorados que se hallan distantes por culpa de la mariposa de la soberbia. El afilador es un embajador comprometido porque trae o lleva del pueblo cercano, el mensaje de los enamorados. El afilador es un divo con la flauta en la boca y anima a salir de la soledad y a la virtud del acompañamiento. El afilador ha montado su máquina en la calle, lanza las notas de su cítara... y espera. Las mozas y casadas acuden a afilar el cuchillo que valga para la "matanza" que está próxima y para limpiar la nobleza del hierro.

Copyright © - herencia2000 es propiedad de José Antonio Fernández-Baillo Mateos de Arriba.