DIEZMOS Y TRIBUTOS - IMPUESTOS


PROPIEDADES DE LA DIGNIDAD PRIORAL EN 1769:

-el impuesto (pecho) de San Miguel cada año en reconocimiento de vasallaje, haciendo verdad lo que se ha dicho de que el Priorato era un señorío militar. El señor natural inmediato no era ni la Iglesia ni la Corona, sino una Orden Militar.
-las Escribanías Públicas, Penas de Cámara y bienes mostrencos.
-los dos tercios de los diezmos. El otro tercio era para la Iglesia y la Corona, instituciones que se disputaban, y fueron acrecentando con el tiempo, los impuestos locales de las villas, cuando las Ordenes Militares fueron desapareciendo o disminuyendo sus atribuciones. El diezmo a su vez era una:

“contribución que gravaba los productos de la agricultura en una décima parte”.

-diezmos de ganados menores, queso, lana y añinos (productos del año).
-diezmos de uvas, los 2/3 de los diezmos de sosa, barrilla. La barrilla es una planta quenopodiácea de los géneros “Salicornia” y “Salsola”, que se crían en terrenos salitrosos, y de cuyas cenizas se obtiene la sosa de variadas aplicaciones químicas. Algunas de estas plantas se llaman aquí “salaos”.
-los 2/3 de los diezmos del aceite y demás minucias.
-los 2/3 de los diezmos de trigo, cebada, centeno, avena y demás semillas entierra de la Dignidad.
-los diezmos íntegros de las huertas (en Villafranca también los de las tejas).
Es propia de la Orden “la serna” que está saliendo para Villafranca a mano derecha, la cual está plantada de árboles a cordel. Las sernas eran propiedad del señor o de los concejos.
Los porcentajes de contribución o carga en los pueblos de la Orden de San Juan variaron a lo largo del tiempo, desde el siglo XIII al XIX. Pero se puede asegurar que la parte principal de la repartición fue para la Orden, la Corona y la Iglesia. También se puede decir que la parte correspondiente a estas dos últimas instituciones tendió a crecer con el tiempo.
El sitio propio para la recogida y administración de los diezmos eran las “Casas de la Tercia” que había en todas las villas. Aún hay una calle en Herencia con el nombre de La Tercia en recuerdo de aquella especie de oficina recaudadora.
El nombre de “tercia” viene de que dividían los diezmos (décima parte de los productos o su correspondencia en valor) en tres partes, en tres tercias o tercios. De los 3/3 (tres tercios o nueve novenos: 9/9) 1/9 (un noveno) solía ser para la Iglesia, 2/9 (dos novenos) para la Corona y, como se ha dicho, 2/3 (dos tercios o seis novenos: 6/9) para la Orden de San Juan. Los gastos propiamente municipales, así como los de la administración y culto religiosos, iban incluidos en esta parte. ambas administraciones estaban en manos de la Orden de San Juan.
Los porcentajes no fueron siempre fijos, puesto que con el tiempo la Orden de San Juan fue siendo cada vez más una extensión del aparato recaudador y administrador del Estado. Además, la administración religiosa de las villas y lugares del Priorato dependía del Sacro y Militar Convento de Santa María del Monte.
Este Convento, situado a dos leguas de Consuegra, proveía los Curatos y Beneficios de las villas de sus propios religiosos conventuales. La archidiócesis primada de Toledo absorbió poco a poco estas providencias. Religiosamente hablando, Ciudad Real fue una extensión de Toledo, capital del poder y la riqueza eclesiásticos en España, hasta que se segrega la “Nullius-Dioecesis” de Ciudad Real en 1877, para hacerse diócesis propiamente dicha en 1980. Un ejemplo más de la escasa autonomía de esta provincia también en estos asuntos.
También tenía la Orden de San Juan derechos sobre: “castillaje” o “castillería”, “poyo o poya” (derechos exclusivos sobre los hornos de pan, recogidos en la Carta-Puebla), el montazgo, el pontazgo (sobre el tránsito por pasos, puentes o montes), baldíos, ciertas huertas de su propiedad, la caza de sus montes, la pesca de sus ríos, los canales regadío, los hospitales y corrales de comedias, las salitreras, las salinas (en Alcázar había varias, que se incorporaron a la Corona), molinos harineros o maquileros (las abusivas cargas sobre las moliendas, o maquilas, siguen siendo proverbiales), corredurías ejidos, yerbas, leñas, minucias, diezmos de mozos de soldada, etc.
Las contiendas y litigios entre la archidiócesis de Toledo y la Orden por los ingresos tributarios fueron numerosos y largos.
El derecho señorial absoluto sobre la cochura del pan está muy claramente expresado en la Carta-Puebla. Dice así:

“E la Orden aya (tenga) aí forno de poya, e cuegan a treinta panes el uno (cada horno por cochura, se entiende), e el que no quisiere cocer en él, que no cuega aí . por premio (a la fuerza, por obligación), e el que forno hiciere en su casa non cuega (cueza) al otro vecino, e si cogiere, e probárgelo pudiere con dos vecinos, que peche un maravedí, e que le derriben el orno”.

Un maravedí de sanción en la Carta-Puebla de Herencia y en la de Madridejos, dos maravedís en la Carta-Puebla de Alcázar; diez maravedís de sanción en las Cartas-Pueblas de Quero, Turleque y Tembleque, siempre con la amenaza del derribo del horno.
Este impuesto de “poya” o “poyo” atendía directamente a los forasteros, como pastores o gentes ambulantes, a quienes en principio no se les permitía usar los hornos panaderos particulares.
Veamos ahora algunos ejemplos más de cargas o tributos, recogidos por Guerrero Ventas:
-a los pastores y otros viandantes se les exigía el derecho de castillería en concepto de uso de caminos, contribución que servía para el mantenimiento de los castillos fronterizos.
-el derecho de borra y asadura sobre los ganados de asiento y paso en sus términos. Se cobraba sobre las ovejas jóvenes, borregas: de ahí el nombre.
-en Villarta, lugar de tránsito fundamental en la trashumancia de ganados, se pagaba por derecho de portazgo y montazgo:
-2 vacas o su valor en maravedís por cada 1000 vacas; 2 carneros o su valor en maravedís por cada 1000 ovejas; y 2 cerdos o su valor en maravedís por cada 1000 guarros.

Estos son solo algunos ejemplos sobre los impuestos de aquella época.

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